Cerdo Ibérico
El Cerdo Ibérico: tradición, paisaje y excelencia en la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche
En el corazón de la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche, donde la naturaleza se conserva en estado puro y las dehesas dibujan un paisaje único, se cría el auténtico cerdo ibérico, una de las joyas ganaderas más reconocidas de la Península. Su crianza, ligada a la historia y a la forma de vida de la zona, es un proceso que combina tradición, bienestar animal y un profundo respeto por el entorno.
Los campos de dehesa, formados por extensas praderas salpicadas de encinas y alcornoques, ofrecen el ecosistema perfecto para el desarrollo de esta raza singular. En libertad, los cerdos ibéricos pastan, se ejercitan y se alimentan de un abanico natural de hierbas, raíces y frutos del bosque que influyen directamente en la calidad de su carne.
El momento más esperado del año es la montanera, la fase final de engorde que tiene lugar entre otoño y comienzos del invierno. Durante este periodo, los animales se alimentan principalmente de bellotas caídas de las encinas y alcornoques, un recurso natural que aporta a su carne una textura suave, infiltración de grasa única y aromas inconfundibles. La montanera no solo define la excelencia del producto final, sino que es un ejemplo de sostenibilidad, aprovechando de forma equilibrada lo que la dehesa ofrece.
Criar cerdos ibéricos en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche es mucho más que una actividad ganadera: es un legado cultural, un compromiso con la biodiversidad y una apuesta por la calidad artesanal que distingue a los mejores productos ibéricos del mundo. Cada animal, cada ciclo y cada bellota forman parte de una historia que se mantiene viva generación tras generación.